ESCENA | Camerino de Lucas Blakeley, GP de Zandvoort – Tarde del viernes
Las luces cálidas del pequeño camerino iluminan con suavidad el ambiente. Una mesa con una botella de agua, una camiseta empapada en sudor colgada en el perchero, y un sofá donde Lucas se ha dejado caer, todavía con el mono de carreras semiabierto y la mirada perdida.
El silencio es denso. Solo se escucha el leve zumbido del aire acondicionado. Sobre la mesita baja, su móvil vibra. Mensajes sin abrir. Noticias. Opiniones. Clips de la entrevista.
Lucas lo ignora. Se frota la cara con ambas manos. Respira hondo. Muy hondo. Luego…
Lucas (en voz baja, para sí):
— ¿Qué más tengo que hacer?
Estoy en simulador. Estoy con los datos. Me machaco físicamente. Y aún así... nada cambia.
Se pone de pie de golpe, camina de un lado a otro del camerino. Da un golpe seco a una silla.
Lucas (en voz más alta):
— ¡No soy un mal piloto, joder!
¡No me trajeron por caridad!
Pero… ¿y si tienen razón? ¿Y si simplemente no doy la talla?
Se queda quieto frente al espejo. Se mira. Ojeras. Cansancio. Y rabia.
Lucas (murmurando):
— “La F1 no espera a nadie”... eso dijo Han, ¿no? Pues parece que ya me están mirando desde el retrovisor...
Se deja caer de nuevo en el sofá. Silencio. Suspira. Agarra una toalla y se seca el cuello. El móvil vibra otra vez.
Lo desbloquea. Una notificación:
Han Solo: "Pásate por el box si te apetece, sin presión. Estoy aquí."
Lucas lo deja de lado. Mira al techo.
Lucas (casi como plegaria):
— Dime que esto no es el final... dime que aún hay algo más por sacar.
Pausa.
Lucas (decidido, con tono más firme):
— Mañana vuelvo a salir. Y mientras tenga un asiento y un casco, sigo en la pelea. No he terminado. No aún.
La escena termina con Lucas abriendo la puerta del camerino. Mira al pasillo, respira hondo... y sale, rumbo a su ingeniero.
ESCENA | Box de Kessel Run GP - justo después de la escena anterio
Lucas Blakeley camina en silencio, con los hombros algo hundidos, hasta donde su ingeniero de carrera, Callum, revisa datos en la pantalla. El teclado suena con suavidad. Callum no levanta la vista enseguida.
Lucas (intentando sonar normal):
— ¿Alguna novedad de la telemetría?
Callum (sin girarse aún):
— Un par de cosas del tercer sector. Frenabas un pelín antes de lo habitual en la curva 11. Pero nada dramático.
Lucas:
— Ajá… lo miraré.(Hace como que observa los datos, sin ver nada en realidad.)
Silencio. Solo se oye el clic del teclado. Callum finalmente gira la silla y lo mira de reojo. Lucas sigue fingiendo mirar la pantalla.
Callum (con tono neutro):
— Estás bien de físico, bien de tiempos en simulador… La carga de trabajo la llevas bien.(Pausa.)Pero estás conduciendo como si llevaras un yunque en el pecho.
Lucas intenta no reaccionar, pero aprieta la mandíbula. Callum lo nota, pero no dice nada más. Deja que el silencio hable.
Lucas (con voz baja, forzadamente casual):
— Son solo cosas mías, ya sabes… presión, lo típico. Nada fuera de lo normal.
Callum:
—Claro.(Hace como que vuelve al teclado, pero sin convicción.)
Pasan unos segundos. Lucas suspira, cruza los brazos. Callum lo observa sin forzar nada.
Callum (finalmente, con calma):
— Mira…no voy a darte un discurso. Ya sabes lo que tienes que hacer. Eres un tío que ha llegado aquí porque vale, no por accidente. (Se inclina un poco hacia él.) Pero si conduces pensando en justificarte a cada vuelta… vas a acabar chocando contigo mismo.
Corre para ti. Vuelve a disfrutar, aunque sea un par de curvas. El resto… vendrá.
Lucas asiente muy despacio. No dice nada al principio. Luego, levanta la vista. Sus ojos tienen una mezcla de agradecimiento y agotamiento.
Lucas:
— Gracias, Callum.
Callum (con una leve sonrisa):
— Vamos, que mañana no vamos a arreglar el mundo… pero con que ganes un par de puestos, ya es un buen día, ¿no?
Ambos esbozan una media sonrisa. Lucas respira algo más aliviado.
Lucas:
— Mañana corro. Por mí.
La escena termina con ambos observando la pantalla de datos, sin necesidad de más palabras. La carrera se acerca, pero hay un pequeño hilo de luz encendiéndose otra vez.